raíces

RESTAURACIÓN DE ESTRUCTURAS DE MADERA

La técnica de construcción con madera es una de las más antiguas que conocemos. Al menos tanto como la piedra y la tierra arcillosa, sea cruda, secada al sol, o cocida y trasformada así en cerámica (Fig. 1). Ya el conocido tratado de Marco Vitruvio Polión, ‘Los Diez Libros de Arquitectura’ (-27 a.C), dedica el Capítulo IX del Libro Segundo a “lo que hay que observar al cortar la madera para construir y a las cualidades particulares de algunos árboles”.

Figura 1:
Antigua ilustración árabe, con los tres materiales tradicionales: piedra, tierra y madera. | Fuente: Lewcock, Ronald. 1978. Materials and techniques. In Architecture of the Islamic World. Its History and Social Meaning. Edited by George Michell. London: Thames and Hudson, pp. 129–43. [Google Scholar]

Contexto

Efectivamente, se trata de uno de los materiales que el hombre usó más pronto, dada su abundancia en la naturaleza, sus relativamente buenas prestaciones mecánicas y su excelente facilidad de transformación y talla. Además de su intrínseca belleza natural, relacionada con la evocación de la naturaleza de la que proviene y de la capacidad del hombre para obtenerla de ella, transformarla e introducirla en su entorno doméstico.

Los constructores y arquitectos pronto descubrieron su resistencia a tracción y consiguientemente su capacidad de trabajo a flexión; siendo básico, durante milenios, para las estructuras horizontales. La aparición de los metales aumentó sus posibilidades, al facilitar su labra y sus ensamblajes. Hasta la vulgarización del acero, bien entrado el siglo XIX, se trataba del único recurso constructivo para tales sistemas estructurales. Además, superaron las limitaciones funcionales de los muros, constituyéndose como los antecedentes de las actuales estructuras de pórticos, con las evidentes ventajas funcionales sobre aquellos.

Por ello es inmenso el Patrimonio construido con madera que nos ha llegado. Y sería, sin duda, mucho más rico y abundante si no fuera por la estupidez humana, verdadero depredador de las estructuras de madera, muy por encima de los hongos de pudrición, los xilófagos de ciclo larvario y cualquier tipo de termitas. Intervenir en aquel requiere de algunas reflexiones, a lo que pretende dedicarse este artículo.

La madera como patrimonio

Inicialmente, se puede entender el Patrimonio como algo heredado (‘patri’: padre + ‘monium’: recibido), aunque el concepto es mucho más amplio. Puede constituirse también en mercancía económica, objeto de valor en el mercado; con la que, salvo algunas limitaciones legales, se puede transaccionar y ser objeto de atracción turística y social. Puede ser igualmente una obra de arte, resultado singularísimo de la creatividad humana, con una función estética y emocional. A la vez, siempre representa un testimonio histórico irrepetible que documenta la forma de construir de un tiempo ya pasado y que no volverá.

Después de superadas las sucesivas transformaciones del concepto de Patrimonio cultural, desde su consideración como legado colectivo a finales del s. XVIII hasta la actualidad, hoy hemos de considerar que engloba no sólo a los objetos y artefactos heredados sino a todos aquellos otros usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes-, tangibles e intangibles, que caracterizan el modo de vida y las pautas culturales de una comunidad. Y, en este contexto, además, está plenamente asentada la idea de que el valor de un edificio o un sitio histórico no reside sólo en la apariencia de sus elementos individuales, sino también en la integridad de todos sus componentes, considerados como un producto único de la tecnología constructiva específica de su tiempo y lugar (Fig. 2).

Figura 2: Caserío Igartubeiti. Caserío Lagar del Siglo XVI (Guipúzcoa). | Fuente: autor.

Leyes y normas para la intervención en estructuras de madera

En consonancia con esta perspectiva, se ha ido consolidando la literatura sobre intervención en estructuras de madera, a la vez que, siempre con cierto retraso, se promulgan leyes y normas actualizadas.

De aquella, serían destacables las ‘Recomendaciones para el análisis, conservación y restauración estructural del patrimonio arquitectónico’ (París 2001), dictadas por el Comité Científico Internacional para el Análisis y Restauración de Estructuras del Patrimonio Arquitectónico (ISCARSAH), fundado por ICOMOS en 1996 como un foro y red para ingenieros y arquitectos  involucrados en la restauración y cuidado del patrimonio arquitectónico. Así como los ‘Principios para la conservación del patrimonio construido en madera’ (Delhi 2017), recientemente actualizados sobre los de México 1999, y dictados por el Comité Internacional sobre la Madera de ICOMOS, hoy presidido por el español Mikel Landa.

De entre las Leyes y reglamentos cabría destacar inicialmente la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, auténtica renovación de la regulación legal del momento en España, y toda la serie de leyes y reglamentos autonómicos que, con sus claros y sombras, han ido dando respuesta a las características de su ámbito territorial y sus respectivas peculiaridades culturales.

Más recientemente, la Ley 8/2013, de 26 de junio, de rehabilitación, regeneración y renovación urbanas, vino a intentar resolver los problemas de aplicación del CTE en rehabilitación, estableciendo un criterio de flexibilidad en las intervenciones sobre patrimonio construido cuyas interesantísimas consecuencias desbordan el ámbito de este artículo y serán tratadas en otro.

Recomendaciones para la restauración de una estructura de madera

En definitiva, la estructura histórica de madera ha de considerarse parte integrante e inseparable del edificio, y su restauración ha de pretender siempre conservar tanto materialmente la estructura como la función que le es inherente, así como revelar su valor cultural, mejorando la percepción de su integridad histórica, de sus estadios anteriores y de su concepción original, dentro de los límites de las pruebas materiales existentes.

Para ello, puede ser adecuado, entre otras cosas, intentar utilizar los métodos de la carpintería tradicional, ser técnicamente reversible, si es posible, y al menos no estorbar o impedir los trabajos de conservación y mantenimiento rutinario, bastante olvidados por regla general.

Es válido utilizar piezas de madera nueva que sustituyan a las deterioradas, respetando los valores históricos y estéticos del conjunto. Las nuevas piezas, o partes de éstas, deben tener las mismas características naturales y, en su caso, ser de igual o mejor calidad que las sustituidas; y sus índices de humedad y todas las demás características físicas deben ser compatibles con la estructura existente.

Para reemplazar parte de una pieza deteriorada se debería emplear su ensamblaje tradicional, actuando de forma que las nuevas piezas, o fragmentos de éstas, se distingan de las antiguas pues no es deseable copiar el desgaste o la deformación de los elementos sustituidos, facilitando la falsificación. A estos efectos, las nuevas piezas, o los fragmentos, pueden incorporar una marca discreta, grabada a cuchillo o pirograbada, de manera que sean identificables en el futuro.

Los materiales contemporáneos, como las resinas epoxi y los refuerzos estructurales en acero, siempre deberían ser escogidos y utilizados con la mayor prudencia.

Igualmente, se debería limitar y controlar el uso de productos químicos, sólo utilizados si representan una ventaja cierta, si su eficacia a largo plazo está demostrada y cuando no supongan riesgo alguno para el público o para el entorno (Fig. 3).

Figura 3: Estructura de madera restaurada por el autor en la iglesia de la Cartuja de Miraflores (Burgos)

Finalmente, debería siempre tenerse en consideración un criterio esencial como es el de la intervención mínima. Idea fundamental derivada de un principio de prudencia y de conciencia de la efimeridad de la existencia y, en definitiva, de nuestra insignificancia en relación con la extensa vida de la Arquitectura.


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Luis Alfonso Basterra

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