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PASSIVHAUS Y PREFABRICACIÓN

Como ya conocemos, Passivhaus es un estándar de construcción con unos requerimientos muy estrictos que reduce sustancialmente el consumo energético de una vivienda (hasta un 90%) a la vez que mejora la calidad de vida en su interior. En anteriores artículos del blog podéis profundizar en sus características.

En este artículo nos centraremos en analizar cómo podemos llevar a cabo edificios bajo el estándar Passivhaus con sistemas constructivos prefabricados en madera, siguiendo además criterios de bioconstrucción. Es interesante esta visión holística del edificio para reducir la distancia que separa un edificio pasivo de un edificio realmente ecológico. Hay que tener en cuenta que en estos edificios en los que las demandas energéticas se reducen tanto, adquiere mayor importancia, si cabe, la reducción de la energía embebida en el proceso de construcción y fabricación de los materiales, es decir, la llamada energía gris.

En relación con este aspecto tan fundamental para el cambio climático, la madera es uno de los materiales que menor huella ecológica tiene en su producción, actuando como sumidero de carbono, siendo renovable, de fácil prefabricación e industrialización y con la posibilidad de entrar en el circuito de la economía circular. Si a todo esto le juntamos el uso de materiales naturales para los aislamientos, barnices, pinturas, acabados exteriores, pavimentos…estamos consiguiendo un balance de emisiones de CO2 en todo el edificio neutro, muy bajo, o incluso con un saldo positivo.

Por estos motivos, los métodos de construcción prefabricados que veremos a continuación, se ajustan y contribuyen a las ambiciosas directrices de conseguir lo que el plan europeo pide a medio plazo: la reducción drástica de las emisiones a través de la construcción y el ahorro energético, que en la actualidad suponen el 40% en la UE.

Principales sistemas de prefabricación en madera:

Los principales sistemas de prefabricación en madera son el entramado ligero y los paneles contralaminados. En ambos casos constituyen la estructura y cerramiento del edificio, pero cada uno de ellos tiene sus propias características que lo hacen más o menos apto para según qué casos.

1- Entramado ligero de madera.

Los entramados de madera son estructuras formadas por montantes de madera de espesores variados (120-140mm) separadas a escasa distancia (normalmente entre 40 y 60cm) y fijadas a paneles que arriostran toda la estructura. Este sistema admite la prefabricación tanto parcial como total, es decir, es posible su construcción insitu en la obra o una prefabricación en taller.

Desde nuestro punto de vista, lo interesante de este sistema radica en el segundo punto: su prefabricación en taller donde conseguimos una precisión milimétrica y unas condiciones de trabajo óptimas sin depender de inclemencias externas. Con el montaje en el taller podemos resolver la envolvente térmica propia de un edificio pasivo incluyendo: aislamiento, carpinterías exteriores, la lámina de estanqueidad e incluso es posible la planificación de las instalaciones. Por nuestra experiencia, esto último, es complicado de ejecutar en taller sin producirse cambios posteriores en la obra.

Respecto a los aislamientos introducidos en el interior del entramado, podemos irnos a fibra de madera semirrígida, corcho, paja o celulosa. Los espesores rondarán los 12-14 o 16 cm en función del clima de la ubicación del edificio, y para reducir los pequeños puentes térmicos producidos por la interrupción del aislamiento por los montantes de madera, es habitual instalar al exterior un sistema de aislamiento exterior con placas de corcho o fibra de madera de alta densidad.

De esta manera conseguimos una alta calidad de ejecución, con soluciones constructivas de altas prestaciones térmicas, tiempos de montaje reducidos con un ahorro económico en el coste de ejecución material, una mínima generación de residuos in-situ, y la creación de un ambiente sano y confortable, debido entre otras cosas a la capacidad de la madera para regular la humedad interior.

Imagen 2. Fotografía del proceso constructivo de la envolvente térmica pasiva en la Casa La Atalaya, certificada en 2018. ©DUQUEYZAMORA Arquitectos.

Como arquitectos, los puntos débiles que hemos observado en las obras que hemos llevado a cabo con este sistema surgen de problemas derivados de la falta de cumplimiento en los plazos de tiempo planificados por parte de la constructora, una excesiva rigidez en sus sistemas prefabricados y en muchos casos la necesidad de trabajar con varias empresas en una misma obra dado que para la estructura de madera se requiere una empresa especializada en ello.

2- Paneles contralaminados de madera maciza (CLT).

El segundo sistema de prefabricación en madera es el formado por paneles de madera maciza contralaminada. Están formados por tablas encoladas por capas y cruzadas entre ellas, con espesores diversos según las prestaciones estructurales que se requieran. La principal características del CLT es su estabilidad dimensional (largo y ancho), pensados para ejecutar muros completos de dimensiones: longitud máx. 16,50m, altura de 2,40 a 2,95m y espesores de 57 a 300mm.

A diferencia del entramado de madera, con este sistema solo resuelves la estructura de la vivienda, y tendremos que colocar en obra el resto de componentes que resuelven la envolvente térmica. En este caso, la lámina de estanqueidad se resuelve por el exterior de los paneles, y sobre ella se instalan los aislamientos que han de ser necesariamente placas rígidas fijadas a la estructura. Estas fijaciones, aun atravesando la línea de estanqueidad hemos comprobado mediante el blower door que no perjudican el resultado final de la prueba.

Aun siendo un sistema de menor grado de prefabricación, aporta aspectos que para nosotros son importantes: la posibilidad de dejar vistos los paneles de madera dando una mayor calidez al ambiente interior y la posibilidad de salvar luces grandes sin la necesidad de pilares.

Imagen 3. Fotografía del proceso constructivo de la envolvente térmica pasiva en la Casa Monteviento, certificada en 2019. ©DUQUEYZAMORA Arquitectos.

En ambos casos, la inercia térmica de la construcción es menor que en sistemas de hormigón o fábrica, sobre todo en el caso del entramado de madera. El CLT mantiene un equilibrio muy bueno entre esas propiedades que hemos comentado anteriormente y la inercia. En la construcción convencional, la inercia térmica es un valor muy importante para mantener el confort interior de los edificios. En la construcción pasiva, la inercia no es tan relevante por varios motivos: se suele decir que un passivhaus funciona como un termo, en invierno mantiene el calor gracias a la capa continua de aislamiento y estanqueidad al aire, y en verano, ese mismo aislamiento junto a las protecciones solares y una ventilación nocturna evitan que el sobrecalentamiento del interior del edificio. Por tanto, sería suficiente con concentrar la inercia térmica en los forjados horizontales o tabiques interiores, pero no es un objetivo que haya que cumplir para conseguir un edificio con certificación passivhaus.


Editores del post: Maderayconstruccion

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Duque y Zamora Arquitectos
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