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EL MERCADO DE SANTA CATERINA

En mayo del 2005 se volvió a abrir al público un mercado que parece que siempre estuvo allí. El espacio construido no funciona solo como mercado. Su uso es el de mercado, museo, hito en una ruta turística urbana y viviendas para mayores, pero también es plaza y barrio y ciudad. Es un proyecto actual que consigue sobreponerse a todos los proyectos anteriores fundiéndose con ellos para mejorar la vida de todo el que pasa por allí.

El Ayuntamiento de Barcelona convocó en abril de 1997 un concurso para renovar el espacio del Mercado de Santa Caterina que ganó el estudio de arquitectura EMBT Associats liderado por Enric Miralles y Benedetta Tagliabue. El equipo acababa de entregar un Plan Especial de Reforma Interior que modificaba el ya existente para el lugar. El plan antiguo proponía remodelar el barrio mediante el esponjamiento, una técnica moderna de derribo de edificios para abrir espacios urbanos densos. El plan de EMBT rechaza la demolición como sistema y tiene en su alma la rehabilitación del tejido histórico respetando su complejidad. El conjunto de calles no tiene que “abrirse” o “simplificarse”, sino transformarse.

La misma estrategia que el equipo propone para transformar la ciudad la emplearán en el mercado. De esta manera, Santa Caterina se rehabilita para llegar al siglo XXI convertido en uno de los edificios más populares de la ciudad. 

El equipo de arquitectos piensa el mercado como un hito arquitectónico más dentro de un paseo histórico que va desde Santa María del Mar a la Catedral intentando reproducir el éxito del mercado de la Boquería en relación con los itinerarios que lo rodean.

Una de las decisiones iniciales de proyecto fue la de mantener la fachada del mercado antiguo que da a la Avenida de Francesc Cambó y parte de las dos fachadas laterales, la de Giralt El Pellisser, que se corta al llegar al acceso a las ruinas museificadas, y la de Freixures hasta la esquina con Masanet, justo antes de llegar a la plaza de Santa Caterina. A partir de ahí, la construcción se desdibuja y abandona la contundente fachada para dar paso a aperturas, muros ciegos, edificaciones y placitas de diferentes tamaños. 

IMAGEN 1: Foto de la demolición del interior del mercado. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona. IMAGEN 2: Collage de la plaza/calle con la fachada principal del mercado. Fuente: Estudio EMBT. IMAGEN 3: Foto Antigua de la fachada principal de la calle. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona.

Esta controvertida decisión, la de conservar la fachada del mercado dado su escaso valor arquitectónico y el coste de su rehabilitación, resulta ser una de las más acertadas y contemporáneas. Lo que se conserva del mercado es pura escenografía, una tramoya urbana que nos conecta directamente con las actividades que durante años se han realizado en estos espacios, un decorado que es ciudad y memoria, y a la que se le añaden nuevos espacios y tiempos sin perder los anteriores.

En este proyecto se difuminan las dicotomías nuevo y viejo. En Santa Caterina, los puestos más tradicionales ocupan el espacio nuevo y las crujías que se conservan del mercado antiguo se colmatan de empresas comerciales actuales.

La superficie dedicada a los puestos se reduce en tamaño respecto al mercado antiguo. Se incorporan a este espacio un museo, dedicado a la interpretación arqueológica y que tiene como base las ruinas del Convento del siglo XII que se derribó para la construcción del primer mercado, y viviendas para gente mayor. Las viviendas y el museo modifican radicalmente la trama urbana previa y, mediante su trazado, se entrelazan con la trama de las calles colindantes.

IMAGEN 1: Foto de la demolición del interior del mercado. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona. IMAGEN 2: Collage de la plaza/calle con la fachada principal del mercado. Fuente: Estudio EMBT. IMAGEN 3: Foto Antigua de la fachada principal de la calle. Fuente: Ayuntamiento de Barcelona.

En un mercado, el espacio de circulación es el espacio fundamental, el de mayor importancia funcional. Para un equipo como EMBT, que en todos sus proyectos previos intentaban hacer autónomos e incluso protagonistas los espacios de transición y circulación, la posibilidad de proyectar una edificación de estas características es una oportunidad única de poner en juego todas sus técnicas proyectuales. Los puestos del mercado distorsionan la trama ortogonal de la tipología funcional para imitar la trama quebrada del entorno urbano en el que se insertan.

La cubierta es el elemento más característico y reconocible del proyecto. Es abovedada, un tipo que se ha empleado a lo largo del tiempo para los grandes edificios públicos. Sin embargo, las bóvedas no se apoyan sobre las características hileras de pilares, sino que flotan en el aire. Para ello, el equipo de proyecto y cálculo idean un juego estructural en el que las bóvedas irregulares se cuelgan de tres arcos metálicos triangulados que a su vez apoyan en dos grandes vigas de hormigón, cada una soportada por dos grandes pilares.

La geometría de las bóvedas no es homogénea, cada arco que las forma tiene una directriz ligeramente diferente a los que le rodean. La cubierta forma así una topografía ondulada cubierta por piezas cerámicas formando un mosaico frutal que compone la que va a ser la imagen más reconocible del edificio.

Bibliografía

El croquis 144.

Arquitecturas del tiempo. Miralles Tagliabue. Gustavo Gili.

Conversaciones con Enric Miralles, Gustavo Gili.


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Editores del post: Maderayconstruccion

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Fermina Garrido

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