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Madera y patrimonio “Rioseco salvado” Parte I

En la mayoría de los casos, la desidia y el olvido son el principal factor en la pérdida y destrucción del patrimonio. La despoblación, la falta de recursos e iniciativa institucional dejan a cargo del tiempo la desaparición de gran parte de nuestro pasado arquitectónico. No obstante, la movilización de los vecinos cercanos y su iniciativa para frenar este deterioro puede revertir este proceso hasta límites realmente asombrosos. Este es el caso del monasterio de Santa María de Rioseco, situado a orillas del río Ebro, en el recóndito Valle de Manzanedo, al norte de la provincia de Burgos.

©AU arquitectos

De fundación medieval, este monasterio cisterciense sirvió como centro neurálgico y dinamizador del valle durante muchos siglos, los cuales se perciben en las distintas etapas constructivas y estilísticas del propio complejo. Al igual que otros muchos monasterios, la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX supuso su lenta y larga agonía, hasta que a principios del siglo XXI, la ruina amenaza con volverse irreversible y terminar con siglos de historia.

Llegado 2008 un grupo de voluntarios de las parroquias y pueblos del Valle de Manzanedo inicia un proceso de deforestación de árboles y maleza en un intento de luchar contra el olvido y la destrucción del patrimonio.

En 2010 a través de un proyecto del IES Merindades de Castilla de Villarcayo, surge el colectivo de voluntarios “Salvemos Rioseco”, un grupo de personas, asociaciones e instituciones de la comarca las Merindades cuyo deseo común es salvar de la destrucción el monasterio. Para ello se desarrolló un modelo de gestión capaz con el objetivo por un lado, de implicar a los vecinos de la comarca y, por otro, de comunicar a la sociedad los sucesivos pasos a fin de superar el olvido de este patrimonio. Desde entonces, todos los años se celebran una semana del Voluntariado y numerosas actividades sociales y culturales.

©AU arquitectos

Cuatro años más tarde, en 2014, Felix Escribano y Arantza Arrieta (AU arquitectos) redactan un primer documento del “Avance del plan director del Monasterio de Santa María de Rioseco” en el que se definen los criterios generales de las intervenciones, y un orden de prioridades, que ha permitido a posteriori acometer las obras en distintas fases, de acuerdo con las posibilidades de financiación disponibles en cada momento. Es entonces cuando a la iniciativa popular se une la institucional, de tal manera que gran parte de la inversión ha sido asumida por la consejería de cultura y turismo de Castilla y León. El resto se ha conseguido gracias a la propia parroquia de Rioseco con los recursos obtenidos gracias a las actividades del colectivo “Salvemos Rioseco” y otras labores de micromecenazgo.

Arquitectura. La cubierta de madera como elemento protector.

La pérdida de la cubierta original del monasterio deja partes de la construcción que nunca estuvieron preparadas para ello, a la total intemperie. Es sólo cuestión de tiempo que la entrada de agua y el peso de la vegetación, acaben por hundir los paramentos y bóvedas existentes. Por tanto lo más urgente es volver a cubrir esas partes ahora “desnudas”, siempre bajo la premisa de adoptar soluciones sencillas y ligeras, pero que a la vez se integren bien con lo existente de una manera contemporánea y respetuosa. Así pues, se toma como criterio general la reconstrucción de parte de la volumetría original con el objetivo de consolidar lo existente, interrumpiendo su degradación y permitiendo su uso con total seguridad. Y como criterio especial, compatibilizar esta intervención con el carácter “romántico” de la ruina y con un entorno natural privilegiado.

Sala capitular.

Se prioriza en el orden de intervención, ya que es un recinto con muchas posibilidades de uso, a la vez se trata de una obra asumible en costos y tiempo. Se trata de reconstruir la cubierta desaparecida con el objetivo de proteger la bóveda de crucería conservada en su totalidad. La solución adoptada parte de dos condicionantes fundamentalmente; un perímetro de cubierta irregular (con distintas cotas) y la aparición durante el desescombro de una viga de hormigón (datada en una intervención en los años 50). Ello unido a lo que se puede ver en una fotografía antigua, llevan a tomar la decisión de realizar un levante regularizador, sobre el que se sitúa una cubierta en pabellón de cumbrera y pares. Este levante se resuelve mediante elementos verticales y horizontales de madera de pino tratado en autoclave, rellenando los espacios entre medias con una celosía a base de tablones horizontales de madera, permitiendo el paso continuo de aire al bajo cubierta. Este sencillo recurso será utilizado con gran acierto en las siguientes fases de la intervención.

©AU arquitectos

Iglesia.

Una vez conseguido el primer objetivo tocaba pensar en la actuación más importante: las cubiertas de la iglesia. A pesar del abandono de las últimas décadas, increíblemente la iglesia del monasterio mantiene todavía en pie todas sus bóvedas. Se redactó en un primer momento un Anteproyecto, que desde una visión general establecía fases de obra que pudieran acometerse una vez más en función de las posibilidades en cada momento.

©AU arquitectos

Las fotografías antiguas disponibles mostraban una cubierta continua, que impedía diferenciar las distintas naves de la iglesia. Se opta por una solución diferente, en la que se identifica de manera distinta la cubierta de la nave central respecto de las naves laterales. Además debido a la morfología del terreno, la iglesia se encuentra en ligera pendiente a lo largo de su longitud, por lo que al igual que en la sala capitular, se opta por un “levante” de similares condiciones, que permite regularizar el perímetro de la cubierta además de generar un bajocubierta diáfano y accesible, que facilite las labores de visita y mantenimiento. Se tomará el hastial de la fachada este como referencia para diseñar la pendiente y la propia cubierta mediante un sencillo sistema de cumbrera y pares, realizados en madera laminada.

©AU arquitectos

Cilla.

El antiguo almacén de grano del monasterio conserva una única gran bóveda de crucería. Es la última techumbre existente que queda por proteger y en el momento de la intervención se encontraba en un muy delicado estado de conservación. En este lugar, y puesto que probablemente era una cubierta de mayor extensión la que cubría esta estancia, se toma la decisión crear ese faldón de cubierta como si formase parte de un entero que ya no existe. La solución en este caso es más vistosa, puesto que para salvar la amplia luz de la bóveda inferior se utiliza una serie de cerchas invertidas, elevadas en un lateral mediante unos castilletes de madera que se apoyan sobre el propio muro del claustro. De esta manera el tejado se inclina generando un solo agua hacia el exterior del monasterio, dejando totalmente abierto el lado adyacente al monasterio.

©AU arquitectos

En el próximo artículo hablaremos sobre la utilización en madera en elementos recompositivos.

©Cuadrante Virtualización

Enlaces:

http://auarquitectos.es/rioseco/

http://monasterioderioseco.com/

Bibliografía:

VV.AA. (2018) II Jornadas del Monasterio de Rioseco “El monasterio a través del tiempo”, Salvemos Rioseco, Burgos

 


Editores del post: Maderayconstruccion

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