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LA REALIDAD NO CONTAMINA: APUNTES SOBRE LA MADERA EN EL MOVIMIENTO MODERNO.

 

El Movimiento Moderno cambió la historia de la arquitectura. Esta es una afirmación que hacemos a menudo sin pensar demasiado en lo que significa. Hagámoslo. Cuando hablamos de cambiar la historia, en realidad, lo que hacemos es cambiar la perspectiva que tenemos sobre ella. Así, este Movimiento Moderno nace con una voluntad de universalizar la respuesta a los problemas que ha creado el mundo global. No problemas abstractos, sino concretos-demasiado-concretos: el contexto es el final de la Primera Guerra Mundial, una de las primeras donde la población civil empieza a quedar severamente castigada. Se ha destruido mucho patrimonio y se necesita aumentar el parque construido.

El proyecto fundacional del Movimiento Moderno (1) es la Casa Dom-Ino que un Le Corbusier de 27 años concibe para un uso más circunstancial y pedestre de lo que hoy en día podemos imaginar. De la casa Dom-Ino sólo conocemos su estructura de hormigón armado, que se deberá de rellenar con cascotes procedentes de las ruinas de los bombardeos.

Casa Dom-ino de Le Corbusier, 1914.

 

La casa nace como un mecanismo de reciclaje que permita construir mucho y muy rápido al tiempo que se desescombran las calles de las ciudades afectadas en los países beligerantes. ¿Y cómo se formaliza? Volúmenes puros. Muros blancos. Ausencia de ornamentación. Asepsis casi total. Estancias limpias, neutras, preparadas para ser habitadas no se sabe por qué usuario universal, anónimo, habitante de este nuevo lenguaje universal, despersonalizado, creado por métodos tayloristas.

El primer Movimiento Moderno quiere construir una idea y lo hace de una manera tan abstracta como esta propia idea. Cualquier cosa que tenga que ver con las realidades concretas, pedestres, está descartada. Incluidos los materiales de construcción.

Tomemos uno de los primeros proyectos célebres de este Movimiento: la casa Schröder, creada por Truus Schröder-Schrader y  Gerrit Rietveld: acero, ladrillo, vidrio, madera. Ninguno de estos materiales se expresa como tal. Las formas abstractas, los colores primarios dominan la composición. La casa Schröder, como tantos otros proyectos de la época, no quiere ser de este mundo.

Casa Schröder de Gerrit Rietveld

 

Lentamente estos postulados se revisan. Materializada la idea toca construirla por todo el mundo según las circunstancias y las tecnologías locales. Y eso ya tiene que ver con la realidad. En 1927 Mies van der Rohe y Lily Reich exhibirán madera en el Werkbund. Madera casi sin manipular convertida en arquitectura en virtud de su disposición, de su composición. Lo concreto y lo abstracto se dan la mano casi sin intermediación.

Mies y Reich, exhibición en Werkbund.

 

… y llega la Segunda Guerra Mundial, el acontecimiento definitivo de la humanidad en el siglo XX. Esta vez el número de víctimas civiles se multiplicará exponencialmente. La destrucción del patrimonio será ingente. El boom, el optimismo, la energía con que se va a reconstruir el mundo después de ella vendrá asociado con este nuevo entendimiento del Movimiento Moderno que apenas se ha tenido tiempo de ensayar antes de la contienda.

La segunda generación del Movimiento Moderno llegará a caballo de esta realidad. Los materiales enriquecen los proyectos. Expresar los edificios en función de ellos los dignifica: envejecen mejor, son más cálidos, más domésticos, más vivibles. Más concretos. En este contexto la madera emerge con fuerza. La madera es el material cálido por excelencia. Es el material más versátil, más probado. Hay mucho campo para experimentar con ella: desde las tecnologías seculares (autóctonas o importadas, porque la información circula libremente) a sus nuevos usos. La madera es uno de los pocos materiales que permite construir enteramente un edificio desde su estructura a sus cerramientos pasando por el mobiliario, los accesorios y el pavimento. Incluso los artistas volverán a ella para expresarse. La madera será la protagonista de este segundo Movimiento Moderno que marcará extensivamente la Europa de postguerra.

Iglesia de Nt. Sra. de la Coronación, Vitoria de Miguel Fisac.

Autor de la fotografía: Jaume Prat

 

Pero queda un paso más por dar, y este paso se dará desde el país que más ha trabajado la madera en la expresión de lo que podríamos llamar su arquitectura representativa: Los Estados Unidos de América. Frank Lloyd Wright basa toda su arquitectura en la madera. La madera es la base de su economía doméstica. La carestía de acero motivada por el auge de la industria militar en la Segunda Guerra Mundial motiva que el primer Movimiento Moderno americano ya se exprese en este material (2): ahí están Richard Neutra, Rudolph Shindler (3) o Marcel Breuer para atestiguarlo.

Casa How (1925), Rudolph Schindler

 

El Movimiento Moderno americano hará el camino de vuelta. Si el europeo va desde la abstracción de una idea a la realidad el americano va desde lo concreto a lo abstracto, una abstracción que podríamos llamar más sucia, más concreta: casi una tercera vía. La tecnología americana, más perfeccionada y estandarizada, permitirá que los arquitectos de tercera generación construyan ideas muy abstractas sin perder su contacto con la realidad.

 

Este será el contexto que permitirá el nacimiento de un proyecto tan alucinante como el Condominio 1 del Sea Ranch, al norte de San Francisco, California, obra del estudio MLTW (donde pronto destacará el arquitecto Charles Moore): la abrupta costa pacífica batida por el viento, toda verde y acantilados y olas altas y bosques retirados del área de batida de los elementos quiere ser colonizada mediante bungalós de vacaciones capaces de ofrecer un cierto refugio ante una bellísima naturaleza que no tiene nada de amable. El Condominio 1 (el primer edificio de todo ese territorio) se levantará en 1965: un juego de cubiertas a una sola agua desaguando (y comprimiendo las vistas a la par que se crea un perfil aerodinámico para la construcción y se minimiza el frente expuesto) hacia el océano. Bajo ellas las unidades habitables son un cuadrado perfecto que se revienta en diagonal para crear un poderoso sistema de vistas cruzadas que permita pensar que el interior se abre al exterior minimizando la cantidad de vidrio. Tanto las unidades de vivienda (estructuradas en torno a una figura geométrica verdaderamente difícil de trabajar como es el cuadrado) como su sistema de agrupación y crecimiento son de un grado de abstracción considerable.

 

Excepto que esta vez se van a realizar enteramente en madera.

La madera es capaz de suavizar este grado de abstracción hermanando las dos generaciones del Movimiento Moderno en este proyecto: la potencia de la idea, la tactilidad y la domesticidad a través del empleo de este material. Los dos mundos se han casado.

Después de esto todo va a ser posible para nosotros.

Planta vivienda Sea Ranch

(1) No lo digo yo: lo dijo Rem Koolhaas hace tres Bienales de Arquitectura de Venecia, evento que hizo coincidir con el centésimo aniversario de este Movimiento a través de la reconstrucción de este proyecto.

(2) La industria de la construcción no se paró jamás en los EEUU al estar todos los frentes de combate alejados de sus fronteras.

(3) Rudolph Schindler tiene, además, otra faceta que han ejercido muchos arquitectos americanos: la de ser el constructor de sus propias casas, lo que motiva varias cosas interesantes. Una de ellas es que los planos raramente coinciden con la realidad construida. La otra, que las soluciones se deciden in situ, muchas veces motivadas por los precios de los materiales o por los recursos que se tienen a mano. Schindler empleará principalmente a carpinteros.

Editores del post: Maderayconstruccion

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Jaume Prat
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