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ESPACIO DE JUEGO, INFANCIA Y ESPACIO PÚBLICO

Para las niñas y los niños, el juego es el principal medio de vida y aprendizaje. A través de esta actividad desarrollan sus capacidades personales y colectivas, así como estimulan los sentidos al relacionarse con el entorno.

Se trata de algo experimental, espontáneo y creativo que puede surgir libremente en el espacio y el tiempo. Hoy, uno de los principales retos de los arquitectos consiste en fomentar el riesgo y la curiosidad en el entorno, pero eliminando el peligro.

El juguete: de la nada, el todo

Cualquier momento, elemento o lugar puede ser un detonante para el juego. En palabras de Francesco Tonucci:

Un juguete bueno es aquel que sin ser nada concreto puede serlo todo. 

El ejercicio de la imaginación permite que los niños exploren su entorno y utilicen los elementos que tienen a su alcance para experimentar libremente con ellos.

Pupitre infantil multiposición. Imágenes © Liqe Arquitectura

Se trata de objetos cotidianos, como el mobiliario, que pueden trasformarse en elementos de juego mediante su manipulación, cambio de posición o simplemente utilización como obstáculo.

Por otro lado, la resistencia de la madera y su origen natural permiten el disfrute del juego al estimular sentidos como el tacto y el olfato. Además, evitan el contacto con sustancias tóxicas existentes en otros materiales.

Son factores que pretendimos abordar en el diseño de nuestro Pupitre infantil multiposición, donde la escala del mueble acompaña al crecimiento del pequeño usuario. Por su parte, la madera de abeto aporta la resistencia y la ligereza necesarias para que pueda utilizarse como juguete de forma segura.

La madera en el espacio de juego

Entre los objetivos principales de los espacios de juego deberían estar el fomento de la actividad física, la estimulación de los sentidos y el contacto con la naturaleza. Este último requisito es fundamental.

Arborismo en el parque biológico de Vinhais. Imágenes © Liqe Arquitectura

La psicología ambiental demuestra que los niveles de estrés infantil aumentan cuando disminuye la presencia de la naturaleza de forma cercana.

Encontramos interesantes propuestas de espacios de juego que siguen estos principios irrenunciables.

Por ejemplo, ahí tenemos experiencias como las de la compañía danesa Monstrum , formada por los diseñadores Ole Barslund Nielsen y Christian Jensen. Los espacios de juego Monstrum transforman parques en lugares en los que a través de los elementos de juego se potencia la imaginación, la socialización, la lógica, el desarrollo de las habilidades psicomotrices y la autonomía de los infantes.

Parques infantiles. Imágenes © Monstrum

Se construye así un mundo de fantasía de madera habitable, compuesto por monstruos, ballenas o pequeñas ciudades, que ofrece la oportunidad de explorar y potenciar sus habilidades además de sus capacidades intelectuales y sociales.

Dragón de madera. Imagen © Monstrum

Otras propuestas, como las de la empresa alemana Richter Spielgeräte GmbH, defienden el valor del juego a través del uso de la madera de alerce procedente de bosques sostenibles en los Alpes. Reemplazan el plástico o el metal en sus equipos de juego por un material amigable y natural que se presenta en distintas formas y estructuras en las que varían los tonos de color y las superficies.

Espacio de juego en madera. Imágenes © Richter Spielgeräte GmbH

Más allá del parque: el debate del nuevo modelo de espacio lúdico

Inevitablemente, la importancia pedagógica ha trasladado el escenario de debate a los centros educativos, sus espacios docentes y los patios escolares.

Diferentes propuestas a lo largo de todo el mundo buscan la generar un cambio mediante soluciones integradoras que permitan una experiencia de juego libre y enriquecedora. La introducción de pequeños huertos, areneros, cabañas de madera o laberintos hechos a base de troncos son algunas de las pequeñas intervenciones que permiten una transformación radical del uso del patio. Esto fomenta una actividad más variada, libre, autónoma e integradora.

En experiencias como la del grupo participativo O Noso Patio, galardonada con el premio Ludantia 2018, este proceso de cambio se generó con el conjunto de la comunidad educativa congregando a docentes, directivos, alumnos, padres y madres para su desarrollo. El proceso de transformación ha trascendido a la administración pública y ha tenido en todo momento a las niñas y los niños como protagonistas con voz propia de sus necesidades, intereses e inquietudes.

O Noso Patio creó un sistema de diseño participativo para transformar un patio de colegio tradicional en un espacio amable y versátil. Se ha conseguido un uso diferente del lugar de juego mediante la introducción progresiva de estructuras vegetales, un huerto, murales, etc. El proceso en sí mismo es una oportunidad de aprendizaje de cooperación, negociación y construcción.

Estructuras vegetales O noso patio. Imagen © Nuria Eguren García

Igualmente crecen iniciativas por todo el país que comparten espacios en grupos como Reinventando patios, en las que se observa el crecimiento exponencial de este tipo de propuestas.

La necesidad de transformación de los espacios de juego ha originado un debate social de gran interés donde se traspasan las fronteras de los parques como recintos delimitados y se replantea el espacio público en la ciudad.

Un espacio público que, en los últimos tiempos, ha perdido las escenas de infancia: las niñas y los niños ya no juegan en la calle y sus derechos como ciudadanos se ven mermados. Las leyes actuales limitan en muchos casos la generación de espacios de juego integrados en el entorno urbano.

Propuesta de plaza del ayuntamiento de Cerdedo. Imágenes © Liqe Arquitectura

Cuando desarrollamos nuestra propuesta para la plaza del ayuntamiento en Cerdedo, nos centramos en intentar expandir los límites que la limitante normativa gallega impone a los niños, mediante la creación de mobiliario urbano que se convirtiese en planos quebrados e inclinados que incitan al movimiento y al juego.

Ciertas investigaciones, como las realizadas por un equipo de la Universidad de Granada, perteneciente al grupo de investigación PROFITH, han demostrado recientemente que los niños que van solos al colegio tienen más autonomía, una mayor capacidad para tomar decisiones y mayor sensación de seguridad.

Para sorpresa de muchos, concluyeron que el éxito académico de sus alumnos dependía en gran medida, del medio de transporte con el que llegaban al colegio.

Tras analizar a 1.700 estudiantes de entre 13 y 19 años y realizar test de concentración, se descubrió que los hábitos de los niños que obtenían los mejores resultados académicos incluían el ir al colegio andando o en bicicleta, frente a los que acudían en transporte público o coche particular.

Las conclusiones eran rotundas: hay que dejar que los niños se activen, se muevan y sociabilicen antes de las clases para poder llegar despiertos y con energías para concentrarse en el aula.

 

Imágenes © El Heraldo © Paseando al cole Málaga, respectivamente

Así aparecen iniciativas, tanto en entornos rurales como en grandes ciudades, que apuestan por la autonomía de los más pequeños y defienden el camino escolar como recorrido seguro para que puedan ir al colegio de forma autónoma y sin riesgo.

En definitiva, es importante dar un paso más allá y pensar en la ciudad como espacio plurifuncional e inclusivo que favorezca las relaciones y el desarrollo de los habitantes, ya que, como dice José Antonio Corraliza, «Somos los lugares que habitamos».

Crear espacios de calidad interiores y exteriores con materiales naturales es un motor impulsor que fomenta el aprendizaje a través de la imaginación y el juego.

Si somos conscientes de la importancia vital del juego, haciendo pequeños cambios en los objetos cotidianos, el mobiliario y los espacios que rodean a los más pequeños, podremos ofrecerles un entorno más amable.

Descubrir el mundo palpando, investigando, experimentando… a fin de cuentas, jugando, es una experiencia que no debemos negarle a la infancia.

 

Editores del post: Maderayconstruccion

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