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CELEBRAR EN CASA DE LOS EAMES

Las celebraciones y ceremonias nos conectan con lo originario, con la naturaleza, dotan de significado a los días, que si no, serían siempre iguales, y al tiempo, que en el fondo es lo que somos.

De esto eran grandes conocedores y fans los Eames. Eran celebrantes ceremoniosos que no perdían ocasión para distinguir un día de otro. Podrían aducirse numerosos ejemplos, pero dadas las fechas que han tocado quiero recordaros que cada Navidad elaboraban una felicitación alegre y original, y colocaban un árbol en casa.

Figura 1. La casa de los Eames en Navidad. 1950. Prints & Photographs Division, Library of Congress

El imaginario general consta de una serie de notas básicas respecto a la costumbre del árbol navideño: que viene de antiguo, que puede remontarse a la evangelización de Alemania y la sustitución de un roble de hoja caduca por un abeto de hoja perenne, que puede asociarse a la fiesta romana del solsticio de invierno en la que se adornaba la ciudad con robles, laureles y velas, y un breve etcétera más o menos pagano.

Convendréis conmigo en que, más allá del origen de la celebración y el fervor religioso con el que cada cual lo vive, a día de hoy, podemos tildar el asunto del arbolito como “costumbre” asentada en occidente.

MADERA, CULTURA Y ÁRBOLES

Pero hablemos de madera, de cultura y de árboles.

Para nosotros, amantes de la madera y, por tanto, de los árboles y los bosques, esta fecha nos ofrece una oportunidad de celebrar ese amor.

En mi casa, como cada año a principios de diciembre, nos acercamos a la Escuela Técnica de Ingeniería de Montes, donde los alumnos de último año venden ejemplares de Abies y Picea. En otras ciudades hay escuelas, asociaciones o invernaderos que realizan una labor similar. Estos provienen de viveros especializados y tienen más o menos cepellón para que sus propietarios puedan replantarlos al finalizar las Fiestas.

Según las ganas que tengamos de adornar y cuidar, el presupuesto y el espacio disponible, elegimos árbol, siempre con cepellón. En nuestro caso, la excursión para trasladar el arbolito a “un lugar mejor” cuando ya ha terminado su labor doméstica forma parte de la tradición.

Más allá de diversiones anejas y como todos sabéis, estos árboles son minúsculas centrales químicas que durante el crecimiento fijan CO2 y generan oxígeno. Y aquí la primera propuesta: preferimos un ser que crece naturalmente y contribuye al bienestar de todos, a adornar el rincón navideño de la casa con un objeto de plástico.

Es erróneo pensar que la extracción de individuos que proviene de bosques supone deforestación, todo lo contrario. Producir árboles en espacios naturales amplios implica su cuidado y cultivo, la limpieza de los suelos y la renovación de ejemplares.

Además, llega un momento en el que son los niños los participantes fundamentales. Son ellos los que adornan, humedecen las hojas y riegan, los que apartan la maceta del radiador o demandan ayuda para sacarla a la terraza. Son ellos los que poco a poco toman conciencia de la importancia y la trascendencia del asunto.

Y AHORA, ¿QUÉ HACEMOS CON EL ÁRBOL?

Como decía, ahora, cuando en los primeros días de enero terminan las fiestas, el árbol permanece con nosotros hasta que trasladamos el árbol a casa de familiares o amigos con espacio para ellos. Existen asociaciones y ayuntamientos que organizan plantaciones colectivas. Si no lo quieres hacer, hay instituciones que lo recogen con cepellón o no. Los primeros los replantan y los segundos los utilizan para astillarlos o reciclarlos como compost.

De vez en cuando la vida permite que nos reencontremos con nuestros viejos amigos y es gratificante comprobar que casi todos han salido adelante.

Lo del árbol de Navidad, por lo tanto, es un proceso ceremonial, colectivo y de aprendizaje.

¿Y por qué es importante esta costumbre, esta militancia, para aquellos que amamos la madera?

Porque mediante la celebración lúdica o religiosa, ortodoxa o pagana, podemos reivindicar que el empleo de la madera es sinónimo del cuidado por los bosques y no de su destrucción.

Porque si tienes oportunidad de ver crecer un árbol que tu mismo has plantado y cuidado, serás consciente de la eficacia que hay que tener en el gasto de materiales.

Porque conocer los árboles y los bosques nos hace mejores carpinteros.

Figura 2. Ray y Charles con un árbol de Navidad hecho a partiede las patas de la Molded-plywood Chair 1946. Prints & Photographs Division, Library of Congress.

Y si no quieres seguir este ceremonial, siempre podrás, como hicieron los Eames en años de escasez, diseñar tu árbol artificial con piezas curvadas de restos, muebles antiguos o listones.

¡Feliz 2019 maderero a todos los lectores del blog y a los compañeros redactores, gestores y promotores!


Editores del post: Maderayconstruccion

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Fermina Garrido

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