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ARTEK CON A DE AMOLDAR

La arquitectura no es un arte visual. Pensar lo contrario puede llevarnos a negar la existencia del material, del que solo se va a ver las cara visible sin que esta parezca necesitar tener un grueso que podremos falsear u obviar. Si pensamos la arquitectura como un arte visual va a quedar reducida a un juego abstracto de planos poco o nada relacionados con cualquier cosa que no sea el arte de caballete.

La arquitectura no es un arte visual porque implica todos los sentidos. El aire no se mueve igual en una habitación cerrada por paredes de piedra de un metro que en otra revestida de esta misma piedra y aislada térmicamente con algún material plástico. Nuestro oído va a notarlo. Nuestra piel, toda ella tacto, va a notarlo. La percepción de la arquitectura no viene por la vista. La percepción de la arquitectura es un constructo de todos los sentidos dialogando a través de la vista, sentidos que nos van a proporcionar una sensación total que, oh maravilla, no pasa por nuestro cerebro consciente. Y en esto reside el poder de este arte.

Alvar Aalto lo sabía muy bien. Por esto basó su arquitectura en el trato del material. De cualquier material, manipulado, colocado, tratado en función de las sensaciones que el edificio quiere provocar, todas ellas agradables.

La madera juega un papel determinante en esta manera de entender la arquitectura. La madera, para Aalto, será el intermediario entre la arquitectura y el cuerpo. No de una manera exclusiva, por supuesto: si la percepción de la arquitectura es global la presencia de la madera se verá matizada por otros materiales. No conozco ninguna obra del arquitecto expresada por un solo material, a lo sumo[i] por una mezcla de materiales donde uno de ellos (ladrillo o madera, generalmente, a veces piedra) predomina sobre los otros.

Concentrémonos en la madera.

La madera es uno de esos pocos materiales capaces de jugar cualquier rol en la arquitectura[ii]  desde la estructura y los cimientos a los cerramientos, las protecciones solares, el aislamiento térmico, los pavimentos, el mobiliario. Si la quemamos obtendremos, además, la energía necesaria para que el edificio funcione. Y si la quemamos enterrada obtendremos carbón.

Imagen: Aalto en la sauna de Muuratsalo

La madera va a jugar en la arquitectura de Alvar Aalto cualquiera de estos papeles. Dependiendo de su rol su carácter y su tratamiento van a ser diferentes.

Cuando la madera se usa a escala del edificio ésta adquiere el carácter tectónico de listones y tablas: barras que se podrán agrupar y tratar para formar estructuras o superficies que forren techos o paredes, que creen calidez, que absorban o distribuyan el sonido.

Imagen: Cielo raso de la biblioteca de Viipuri

A medida que la madera se va acercando al cuerpo humano su tratamiento cambia de técnica. Se curva, se adapta, se conforma y, al final, se combina con materiales textiles o animales, como el cuero.

Imagen: Sillas en las viviendas de Aalto de Berlín

Quedémonos en esta escala pequeña: los objetos que la forman, que no suelen estar clavados en el suelo, toman su nombre de su característica principal, el movimiento, y van a llamarse muebles.

Estos muebles también son arquitectura. No serán solo arquitectura en sí mismos. Su disposición y seriación formará parte integrante de la arquitectura del espacio donde se sitúen, un espacio flexible y configurable precisamente en virtud del movimiento de estos objetos.

Estos muebles no podrán llegar nunca a una forma ideal. Sólo pueden ser optimizados tomando en el camino una infinidad de formas parecidas entre ellas pero no iguales. Estos diseños nunca van a ser válidos para un solo espacio: podrán ser usados en muchas otras arquitecturas que no tendrán por qué ser producto del lápiz de Aalto. Esto, y su voluntad de ser producidas en serie, moverán al arquitecto a buscar socios para la creación de una empresa que produzca sus muebles de madera: Artek.

Imagen: Diversos diseños de silla de Aalto para Artek que demuestran que el tipo no se puede optimizar

Artek, pues, nace de la necesidad de tratar con el cuerpo humano. La producción industrial de los muebles de la firma conseguirá que éstos estén bien diseñados, con una atención casi obsesiva en los detalles, más pensados para ser tocados que para ser mirados, en las entregas que definen las piezas, en las formas curvas que reciben y acomodan el cuerpo.

Imagen: Piezas escultóricas y pies de silla Artek

El material, la madera, se va a dejar casi siempre en bruto. No se va a revestir. No se va a pintar. La madera, entonces un material vulgar al que apenas se le da valor, pasa a ser un estándar de acabado confortable.

Los diseños de Artek serán revolucionarios porque las sillas, objetos hasta ese momento tratados como arquitectura clásica, van a enriquecerse bebiendo de dos fuentes complementarias:

La primera de ellas son las pruebas abstractas en madera que el propio Aalto realizará en colaboración con los ebanistas, pruebas que serán el equivalente en madera de las pruebas en ladrillo de su vivienda experimental. Pruebas que tomarán el carácter de esculturas, de cuadros tridimensionales, etcétera.

Imagen: Experimento de Aalto en madera

La segunda son los diseños de madera no ligados al mundo de la arquitectura, como hélices de barco o esquís, objetos que se van a exhibir orgullosamente como complemento a Artek en el Pabellón de Finlandia de la Exposición de Nueva York de 1939.

Imagen: Exhibición de hélices y esquíes de madera en el Pabellón de Finlandia de 1939

La traslación de estas técnicas a los muebles primero y a la arquitectura después cambiará la historia de la relación de ésta con la madera.

El éxito de estos diseños creará una especie de nuevo paradigma, un concepto que va a ser tan exitoso que va a convertirse en un índice de comodidad. Un índice de comodidad que va a ser, de nuevo, global: son los muebles, es la luz, la relación con el exterior, las plantas. La atmósfera que todo esto es capaz de crear.

Artek conseguirá que sus diseños sean sinónimo de diseño nórdico y, en última instancia, sinónimo de diseño y sinónimo de calidez. El estándar que define lo va a cambiar todo.

[i] Y esto sí es más común.
[ii] Me parece que copiaré y pegaré este párrafo en cualquier escrito de los que haga en este blog, y en muchos otros de fuera, porque esta consideración me parece clave.

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Jaume Prat

    1 Comment

  1. Jaume debo decirte que en Bonsai estamos encantados con tus artículos para MyC, que disfrutamos como chiquillos.

    Aquí nos cuentas muchas cosas, una de las ideas que despierta con más fuerza es la de que el enfoque sostenible en arquitectura ocurre que en cierto modo restamos protagonismo al aspecto más puramente visual, poniendo más atención a información que nos llega a través sentidos olvidados, el olfato, el oído y el tacto.

    Podríamos decir que pensar la arquitectura en clave de sostenibilidad nos lleva a una experiencia más completa del fenómeno arquitectónico, por eso tu definición de que es un arte que “implica todos los sentidos (….). Y en esto reside el poder de este arte.” Nos parece tan acertada. Probablemente el sentido que con más fuerza despierta la madera como revestimiento y como idea sea precisamente el tacto, el con-tacto con la calidez del material, que es algo tan difícil de imitar por símiles que diría que es imposible… Su forma de re-sonar, ¿verdad?

    Un abrazo!

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